- De tu condición de "sex-simbol", de galán sin fronteras, ¿qué tienes que decir?
MEL GIBSON.- Nada, todo es cuestión de la prensa, es una forma de vender revistas No la he buscado ni enaltece mi vanidad. Es como lo de ser una estrella, yo no me lo creo ni me siento divo pero...Particularmente, no me considero un "sex-simbol", término que aborrezco, y mucho menos lo piensa mi mujer (risas). Es como una imagen de marca, un hierro con el que te marcan, te definen y ya no puedes escapar. No puedes enfrentarte a tu destino, creado por departamentos de producción de las productoras. En el fondo, no me importa, aunque empiece a cansarme que me utilizen únicamente como un niño bonito.
- Como otros colegas tuyos creo que alberggas la idea de pasarte a la producción.
MEL GIBSON.- Si, deseo el máximo control. Necesito expresar mi inquietud y curiosidad, ser más creativo. Idealmente, me gustaría producir películas donde yo no actúe, pero por ahora sé que es pedir demasiado. Espero impaciente la oportunidad. Me preparo, leo mucho y visualizó inmediatamente las novelas, busco guiones...En las novelas se encuentra una gran escuela para el cine. Personalmente pienso que Guerra y Paz es demasiado intelectual para hacer una película. Son necesarias historias sencillas que vayan inmediatamente al grano. Hay demasiados filmes que sobrepasan las dos horas sin motivo alguno. Si Woody Allen se contenta con 90 minutos para contar una historia, no veo por qué hay que alargarla más.
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